Voluntad y conciencia, dos energías

¿Cuántas veces empezamos entusiasmados un proyecto y al poco tiempo ese entusiasmo se desvanece, haciéndonos dejar el proyecto a la deriva o incluso abandonarlo por completo? Para evitar ese destino, hay dos energías que juntas son poderosos: voluntad y conciencia.

Voluntad y conciencia, dos energías necesarias para caminar
Foto de Oscar Keys – Unsplash

Una vez tomé de la biblioteca personal de una amiga el libro “El afiche y el diseño”, de Alfredo Yantorno, con el propósito de aprender un poco de ese tema. Aprendí otra cosa:

“Uno puede hacer las cosas siempre con dos tipos de energía muy distintas. Una es la de la voluntad y la otra la de la conciencia. La primera se consume fácil y se agota rápido. La segunda dura más, pero es más difícil de consumir. Deberíamos desarrollarnos de modo de lograr de que, si la voluntad nos auxilia para iniciar un asunto, la conciencia nos permita mantener la acción consecuente«.

Lo que marca la diferencia entre querer ser un profesional y un «tengo ganas de» es el valor agregado de la conciencia. Si fuese por la voluntad, todos seríamos Diego Maradona en el Mundial 86.

Es verdad, muchas veces estamos exaltados por hacer realidad esa idea que tenemos en la cabeza y otras veces ese ánimo se convierte en agobio. Somos humanos, todos tenemos nuestros días de más o de menos. Pero si la voluntad es la llave que enciende el motor, la conciencia es el combustible que nos hará llegar a destino —que en ocasiones no es el que habíamos imaginado o tardamos en llegar más de lo que pensábamos—.

Por momentos iremos disfrutando del viaje y en otros no dejaremos de preguntar “¿falta mucho, falta mucho?”. O pediremos parar en una gasolinera para estirar las piernas y tomarnos un café bien cargado. Lo importante para alcanzar la meta: el equilibrio constante entre esas dos energías.

Mauricio Kartun: «Las buenas ideas no existen»

El dramaturgo y maestro de dramaturgia, Mauricio Kartun, fue invitado a dar una charla maestra en el ciclo «Clásicos modernos» y aquí comparto algunas enseñanzas.

Las buenas ideas no existen, dice Mauricio Kartun
Foto de Simon Matzinger – Unsplash

Es habitual escuchar el concepto de idea en el mundo creativo. «Tengo una idea para una película»; «no se me ocurre ninguna idea para hacer una serie»; «cuál es la idea de tu obra de teatro». etc.

En escritura de guiones, nos referimos al concepto de idea a la búsqueda de crear algo nuevo o encontrar un argumento de una sola línea que nos seduzca como autor, maraville al productor y cautive al público. Entonces, pensamos con la hoja en blanco alguna ocurrencia antes de escribir.

Cuando la obra es un hecho consumado, ya escrita e incluso estrenada, la idea está ahí de manera intrínseca. Pero en el momento de ponernos a crear algo nuevo, Kartun sostiene que suele haber un malentendido: «Cuando uno ve ficción, al terminar uno se queda con una idea. A la hora de producir una ficción, si sigo pensando en ideas, intentaría pensar en buenas ideas. Y las buenas ideas no existen, salvo que se las compre o se las tome a otro. Cosa que es habitual en la industria». Y agrega: «Es absolutamente imposible acceder a nada original recorriendo el camino que ya recorrió otro.»

Entonces, desde su punto de vista, nos damos con un canto en los dientes cada vez que pensamos alguna idea previa a cualquier escritura, en lugar de imaginar.

Así lo detalla: «El proceso de pensar un argumento y el proceso de imaginarlo, son dos cosas muy diferentes. Imaginar es poner en imágenes. La imagen es una percepción multívoca, no se agota en un sentido. Propone diversos caminos y lecturas. Entonces, a la hora de escribir, si yo parto de una idea, en el mismo momento en que la adopto, he abortado las infinitas posibilidades de imaginación».

Foto de lee Scott – Unsplash

Uno de los primeros ejercicios que obtuve en mi formación como guionista, es el siguiente: observar una fotografía de algún paisaje y simular que estamos mirando a través de una ventana. A partir de esa pauta, continúan una serie de pasos en los que descubrimos, por nosotros mismos, todo un mundo. Personajes, deseos, conflictos, etc, que no teníamos ni idea que estaban ahí —valga la redundancia— florecen por sí solos. Imaginación pura.

No sabía explicar el funcionamiento de ese ejercicio hasta que escuché al autor de Terrenal decir: «¿Cuál es la única posibilidad de imaginar algo nuevo? Es que vos no sepas en profundidad qué es lo que estás escribiendo. El proceso creador se cumple dentro del objeto creado». Tan simple como descubrir mientras se escribe.

Invito a escuchar la conferencia de Mauricio Kartun en el ciclo «Clásicos modernos: apuntes de dramaturgia creativa» organizada por la revista Haciendo Cine y Directores Argentinos Cinematográficos, publicada en el canal de YouTube «DirectoresAV», en la que, con el tono coloquial y cercano que lo caracteriza, desarrolla su proceso creativo.

Es la imagen, estúpido

Para las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 1992, el entonces presidente George Bush padre era dueño de una aprobación popular muy alta gracias a sus políticas de relaciones exteriores. Su rival electoral, Bill Clinton, se veía con pocas posibilidades de ser el vencedor. Entonces, el estratega de campaña para los demócratas, James Carville, decidió poner el ojo en la política interna. Fue así que colocó un recordatorio de cuáles deberían ser los temas de agenda pública para darle un fuerte golpe a Bush. Los tres temas principales fueron:

1) Cambio vs Más de lo mismo
2) No olvidar el sistema de salud
3) La economía, estúpido

Este último punto se convirtió en un slogan no oficial de la campaña de Clinton. El resto es historia conocida, pero la frase ha cobrado popularidad y actualmente se presta para todo ámbito. Ejemplos: «es el déficit, estúpido»; «son los votantes, estúpido»; etc. Y ahora yo le quiero dar un uso en el ámbito del guión.

Es la imagen
Foto de Vlad Tchompalov – Unsplash

En Twitter, como todos sabemos, se generan los debates. Después de que Netflix anunciara la adaptación a serie de la novela «Cien años de Soledad» de García Márquez, una cuenta aclaraba lo siguiente a modo de visibilizar la tarea de los guionistas:

Lamentamos comunicar que NETFLIX NO VA A ADAPTAR «CIEN AÑOS DE SOLEDAD». Será una guionista (o un equipo de guionistas) quien adapte «Cien años de soledad». Aunque la prensa especializada insista en olvidarlo, resulta que #noseescribensolas

Otro usuario le respondía: «Para trabajar con palabras a veces os tomáis la literalidad muy a pecho». Y aquí es donde incorporo la frase de James Carville al mundo de los guiones.

La primera lección que recibí en mi formación como guionista es que nosotros no trabajamos con palabras, si no con imágenes (visuales y sonoras) por medio de las palabras. Y agrego un plus: lo literal es lo nuestro. Es decir, si queremos que se vea en la pantalla a un hombre dispararse la cabeza, escribimos: Hombre se dispara la cabeza. En cuanto a la imagen, los dramaturgos también lo subrayan.

El maestro Ricardo Monti, en el seminario iberoamericano de dramaturgia en el que tuve gusto de asistir, sentenció: «Olvidarse de las palabras, concentrarse en las imágenes». Cine y teatro son imágenes, reitero la aclaración: visuales y sonoras. Monti insistía en enfocarnos en nuestra «imaginería interna». Otra vez, la imagen.

Y cualquiera que tome clases de escritura de guión, le aconsejarán cuantas veces sea necesario alejarse de lo literario y ser crudamente literal. Aunque, si es oportuno, algunas pequeñas pinceladas literarias nos podemos permitir; por ejemplo, para crear atmósfera poética o transmitir un determinado clima sensorial. Pero nuestro trabajo, una vez más, consiste en poner en palabras las imágenes y sonidos que serán representados en pantalla o en un escenario. Que las palabras son nuestro medio de trabajo, de ahí la confusión. Pero es la imagen. Lo de estúpido va con cariño y humor.

La creatividad es un rayo misterioso

¿Existe la inspiración? ¿Vale la pena abrir las ventanas a las musas y esperarlas mientras contemplamos el horizonte? Muchos sostienen que lo único que existe es sentarse a escribir, que la creatividad es trabajo. Pero no por eso pierde su misterioso encanto.

La creatividad es trabajo
Foto de Arno Smit – Unsplash

Pero, ¿de  dónde vienen esas inspiraciones, esos personajes con sus diálogos, y esas escenas que pasan por delante de tus ojos? La creatividad sigue siendo un misterio.

Estoy convencido de que el proceso creativo es personal. No hay manera de enseñarlo. Es una marca propia tal como es el fruto de ese proceso: la obra.

Si quieren que me anime a responder aquellas preguntas, yo digo que sí. Y agrego, todo vale. Vale tanto sentarse a trabajar organizadamente y con toda una agenda de trabajo, como también vale creer en las musas y estar abierto a toda hora a la inspiración. Una foto, un persona que cruzas en la calle, un paisaje, una canción, nuestra infancia, nuestra percepción de aquello que llamamos realidad…

Una de las cosas que me divierte mucho es buscar en Google Maps lugares que no conozco. Casi siempre lo hago con espacios verdes. Le dije a mi esposa de ir a pasear por el río Mula. Cuestión que nos perdimos, ahí está la gracia. Terminamos en un bosquecillo algo pantanoso. El marrón le ganaba al verde. Y de pronto, al girar la cabeza, observé la insistencia de la vida nueva sobre lo desgastado, coronado por un rayo de sol  que atravesaba cientos de ramas monstruosas hasta llegar al victorioso verde.